Cada instante junto a mi Señor me hace sentirme más viva.
Toda la preparación del momento me excita. Desde que recibo las indicaciones, qué debo tener listo para que mi Señor use en mi, conmigo; cómo debo vestir, o qué no debo vestir; si hay alguna indicación especial para recibirlo, la forma de hablar, de dirigirme a él, la mirada baja, todo y cada uno de los detalles que mi Señor específica me aceleran el corazón. Llegar a tiempo para tener todo listo, esperar su llegada, en mi lugar asignado.
Se abre el elevador... Escucho sus pasos... Ronroneo.