LOS AMOROSOS
Jaime Sabines
LAS SUMISAS
adaptación por gatita[DI]
Las sumisas callan.
El amo es el dueño más fino,
el más respetado, el más dominante.
Las sumisas buscan,
las sumisas son las que obedecen,
son las castigadas, las que son entrenadas.
Su corazón les dice que siempre han de someterse,
Obedecer, y buscan.
Las sumisas andan como locas
porque están solas, solas, solas,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no encuentran amo.
Les preocupa el amo. Las sumisas
gozan el dolor, no pueden hacer más, no deben.
Siempre están dispuestas,
siempre, hacia su Amo, su Dueño
Esperan,
no esperan nada, esperan todo.
Saben que nunca han de desobedecer.
El amo es la recompensa eterna,
siempre el latigazo siguiente, el otro, el otro.
Los amos son los insaciables.
Los que siempre -¡qué bueno!- han de satisfacerse.
Las sumisas son las mascotas de su Amo.
Tienen marcas por todo su cuerpo,
llevan collares en el cuello, se cierran
Así como cadenas y antifaces.
Las sumisas no deben replicar
porque si replican se les castiga.
En la obscuridad abren los ojos
y les cae en el cuerpo, les cae el dolor.
Encuentran grilletes bajo la sábana
y cadenas que las atan a la cama.
Las sumisas están locas, locas de ansiedad,
Con su Dios y su diablo.
Los amos salen de sus cuevas
excitados, deseosos,
a disfrutar sumisas.
Se ríen de las sumisas que no aguantan todo,
de las que creen aguantar, verídicamente,
de las que creen que el amo se cansará de castigarlas.
Lo amos juegan a cogerse una perra,
a tatuar el látigo, a no irse.
Juegan el largo, el excitante juego del placer.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Las sumisas se estremecen con cada humillación.
Marcadas, pero marcadas desde los pies a la espalda.
El dolor les fermenta detrás de los ojos,
y ellas obedecen, obedecen hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un dolor y chillan como recién nacidas,
son mujeres que duermen con la mano en el sexo,
obedientes,
a todo lo que se les indica.
Las sumisas se ponen a susurrar entre labios
una suplica no escuchada.
Y van gozando, gozando
la hermosa vida.
ME GUSTA CUANDO CALLAS
de Pablo Neruda (adaptación por gatita[DI])
Me gustas cuando callas porque estás sumisa,
y me oyes desde lejos, y mi voz te estremece.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un azote te marcará la espalda.
Como todas las cosas están llenas de mi dominio
emerges de las cosas, llena de obediencia para mi.
Sumisa de sueño, te postras ante mi
y te pareces a la palabra dominada.
Me gustas cuando callas y estás muy obediente.
Y estás toda dolorida, pero dispuesta a complacerme.
Y me oyes desde lejos, y mi voz te estremece:
Déjame que te domine con el látigo, con cadenas.
Déjame que te muestre el placer del dolor
Disfruta de la entrega, simple con un collar.