07 octubre, 2015

Plástico y algo más

Antes de llegar Mi Amo siempre me manda instrucciones de cómo debo recibirlo. Por lo general lo hacer por mensaje, dejando claro qué es lo que quiere para cada sesión, cómo debo vestir, o si desea que lo reciba la desnudez de su sumisa, cuáles son los juguetes que desea tener listos y preparados para la ocasión. Obedezco sus órdenes y espero. Espero tras la puerta, la cual debo abrir al escuchar sus pisadas. Debo estar muy atenta para abrir al momento de su llegada.

Foto tomada del Blog: Aprendiendo a ser tu sumisa
Llega Mi Amo y estoy lista, a la expectativa de cuáles serán sus deseos para el día de hoy. Entra con algunas cosas, yo espero sus órdenes en la posición de sumisión que indicó, con nada más puesto que una pequeña tanga negra de hilo dental que ordenó. El collar y la cadena ofrecidas a Mi Amo con los brazos y manos extendidas hacia Él.

Después de un húmedo beso, coloca el collar en su lugar, poniendo la cadena. Me lleva caminado, como su perra que soy, en cuatro patas. Vamos al lugar en donde sesionamos generalmente, la recámara.

En silencio, me hace levantar, coloca los brazos de su sumisa en la espalda, y los esposa, uniendo cada muñeca, procede a ponerme el antifaz para evitar que lo mire y que pueda ver y entender su plan. Cuando me priva de la vista me pongo más ansiosa, pues así no puedo descubrir su plan, eso le gusta. Ahora, sin posibilidades de tocarlo con las manos y sin ver lo que prepara, me siento ansiosa y algo excitada. Así le gusta tener a su gatita. Desliza lentamente la tanga por las piernas para quitarla.

Escucho algunos sonidos, movimiento, pero no puedo imaginar lo que hace, es algo confuso. De pronto, ahí parada, comienza a envolverme con plástico, ese que se usa para la comida, da vueltas alrededor del cuerpo el rollo de plástico, dejando el torso cubierto, desde el cuello hasta la mitad del trasero. No sé cuántas vueltas dio, pero estoy atrapada en esa envoltura plástica, apretada y sin posibilidades de moverme. Mi Amo me toma de la cadena y me hace recostar sobre la cama, boca arriba. Me jala, acomodándome a la mitad de ella. Sigue con los preparativos para usar a su perra. Toma cada pierna y las coloca a cada esquina de la cama, utilizando otras esposas para atar cada tobillo a las ligaduras de la cama, dejándome con las piernas abiertas. Detrás de la espalda baja coloca un gran cojín, levantando la cadera y dejando expuesto el sexo, para utilizarlo a su placer. Una vez en la posición deseada, comienza a envolver cada pierna por separado.


Es como tener un vestido ajustado, muy ajustado, el plástico hace su función, comienza a guardar el calor del cuerpo, además de limitar el movimiento. Envuelta del cuello hasta los pies, estoy a su merced.

Levanta un poco la cabeza y coloca el gag que tenemos con pinzas, acomodando el arillo dentro de la boca dejando las pinzas colgando sobre el cuerpo de su sumisa tendida en la cama. Comienza a hacer una orificios en cada pezón, dejándolos libres, apenas asomándose por la vestimenta plástica, retuerce y estira cada uno, para estimularlos y endurecerlos, y de esa forma colocar cada pinza en su lugar. Una vez, habiéndose cerciorado de que estuvieran bien puestos, comienza a cubrir la boca con el mismo plástico, después de algunas vueltas, Mi Señor es tan dadivoso que hace una pequeña perforación, justo en medio del arillo de la boca, para que pueda tomar aire, aunque la nariz no está tapada, me brinda la oportunidad de recibir un poco de aire por la boca también.

Ya en la posición deseada y con la escena preparada, Mi Amo rompe el silencio.

- Vamos a hacer sudar a mi perra el día de hoy. Como sabes, sólo con mi autorización podrás llegar al orgasmo, y sólo puedes entregármelo si así lo ordeno. Así que vamos a comenzar con este entrenamiento de obediencia y veamos si mi perra hoy suda más.

Se coloca entre la piernas, frente al sexo expuesto y comienza a untar gel, delicadamente, moviendo ágil y suavemente sus dedos alrededor y dentro de él.

Despacio, introduce uno de nuestros juguetes favoritos, y comienza a jugar conmigo, comienza a disfrutar cómo su perra se retuerce, gime y acepta el entrenamiento con sumisión y agradecimiento. Siempre obediente a la orden de no tenerlo a menos que me indique entregárselo.

Gracias Mi Amo, por darse el tiempo de entrenarme, por permitirme servirle y entregarme a usted.

Con amor, devoción y ronroneos para MI AMO.






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