17 octubre, 2016

Mi inicio como sumisa

Este escrito surgió después de algunos días de comenzar a sesionar, pasaron algunas semanas de haber iniciado en este ambiente. Ambos vamos aprendiendo sobre nuestros roles. Ninguno de los dos lo ha practicado de forma continua o estructurada, quizá a penas hemos incursionado de forma intuitiva, sabiendo que algo buscábamos, sin saber qué. Esta historia es la descripción de cómo me sentí en mi inicio como sumisa.  



Hemos pasado días muy interesantes, intensos, diferentes, llenos de adrenalina, emoción… bueno, creo que fue para ambos lo mismo, pero tal vez no, no lo sé… me gustaría saber qué es lo que tú sentiste en estas sesiones. Lo que sé es que hubo amor, mucho amor. Las sensaciones por las que yo pasé no sabría cómo expresarlas exactamente, supongo que tus emociones, de cierta forma, son diferentes, ya que tú ejerces el control y yo me someto.

Este nuevo rol me fascina, verte en el tuyo también. Me gusta cómo han surgido ideas, deseos, fantasías y que busquemos formas de realizarlas juntos. Sé que hubo algunos cambios en los planes originales, pero siento que las cosas salieron bien en general, espero que también lo pienses así. Hemos ido adaptando las actividades mediante vamos aprendiendo más sobre este tema. Con las lecturas, videos y blog que hemos estado estudiando, creo que cada vez podremos mejorar. Éste es sólo el inicio.

Hay tantas cosas que me gustaron estos días, una de las principales fue que encontráramos la gargantilla, que me la compraras y la colocaras. Ésta la puedo usar en cualquier momento, sin que sea notoria, para el resto del mundo, mi condición de sumisa. El sonido del clic al ponerme alguno de los collares, provoca algo en mí. Ahora, con ella puesta en cualquier momento, esa sensación es más constante. Otra de las cosas que disfruté, fue dormir con la correa, esa sensación fue muy intensa. Tener los otros dos collares, con diferentes colores, me hizo pensar que hasta puedo cambiarlos para combinarlos con la ropa, por lo menos para cuando esté contigo.

Son muchas imágenes, ideas, fantasías que tengo en la cabeza, me encanta saber que ambos lo disfrutemos, que con todo esto te puedo complacer. Y sabes, eso me hace sentir feliz, esa es mi idea principal, darte todo el placer posible, que con cada orden, te sientas complacido con mi obediencia y, ¿por qué no? también con cada castigo.

Tengo muchas ganas de intentar el tema del Bondage, como lo vimos en las fotos que me mostraste, para probar lo que nos hace sentir esta actividad, las sensaciones que nacen después de que cada uno haga su papel, tú hacer los amarres y yo, estar atada a tu merced.

Me imagino totalmente atada, como aquella foto que te gustó, donde ella está amarrada en el suelo. Las sensaciones provocadas mientras me vas atando poco a poco y, cuando me tengas inmovilizada, ¿qué planeas hacer… sólo observarás… me castigarás de alguna forma? Moviéndome, cambiando mi posición, sólo por el placer de poder manipularme a tu antojo. Dejarme ahí… así, a tu lado o tal vez al pie de la cama. Mientras quizá, tomas café, ves la televisión o trabajas. No sé lo que decidas hacer y me intriga.

Hablaste sobre la falta de humillación en la sesión, quizá tengas razón, sin embargo, como también comentaste, poco a poco llegaremos al punto ideal o adecuado para los dos. Me gusta cuando me hablas determinadamente, con fuerza pero sin gritos, contundente, cuando me das una orden y sé que tengo que cumplirla. El brillo de tus ojos cambia y siento cómo también mi mirada es distinta.

Me encantó que usaras mi juguete favorito, Máximo, no me refiero a el tema de mi placer, sino que me parece que también tú lo disfrutaste, gozaste verlo y ponerlo en acción. Además me pusiste en el punto exacto en el que me querías, justo dejándome a tu merced, con la magia que tú sabes hacer. Con la ventaja de no cansarte, logrando el resultado que deseabas. Cerrando con broche de oro, teniendo mayor control de mí, de mi cuerpo, mis movimientos, mi placer, completo control. Después de todo, ahora es un juguete para los dos. Ha cambiado mi forma de verlo, ya no es sólo mi juguete, ahora que lo usaste, también es tuyo, lo puedes usar como quieras en mí. El dolor que provocaron las pinzas también fue algo estimulante y nuevo para ambos.

Tengo tantas ganas de verte de nuevo, de volver a estar así contigo, sirviéndote, satisfaciendo tus deseos, obedeciéndote. Haciendo cosas nuevas, aprendiendo juntos sobre este estilo. Ir explorando nuestros límites, sobrepasarlos y conocernos mejor.

El hacerte sexo oral, donde tengo que tragar todo, lamer, succionar a tu orden. Revisando exhaustivamente mi boca, corrigiéndome si dejo alguna gota fuera de lugar. El sólo escribirlo me provoca espasmos en el vientre. La idea de recibir tus órdenes, el mantener la boca abierta, lista para recibirte en cuando estés listo, mientras te masturbas sobre mí o delante de mí, me excita mucho.

Que me pongas las esposas, las de metal o las de velcro, que me tengas así a tu lado, ordenándome que cambie de posición, sólo por el placer de querer morder alguna parte de mi cuerpo o querer ver mi sexo abierto, probarlo o sólo revisar el avance de mi entrenamiento anal, acariciarme, besarme, pero así, esposada y obediente a tus indicaciones, colocándome y asumiendo las poses que ordenas.

Me excita cuando me ordenas que, al estar dilatada, avance en “reversa” hacia ti, para que, lentamente me clave en tu dedo, para así comprobar si aún sigo abierta para ti. Caminar en dos o cuatro patas detrás de ti, que me hagas detenerme, sólo para admirarme, disfrutando de tu sumisa, de la pose, gozando de la sumisión que te entrego, sintiéndote orgulloso de cómo reacciono ante tu disciplina, de cada vez que me pides repetir, sin mirarte, que soy tuya, que puedes hacer conmigo lo que quieras… que te pertenezco, que eres Mi Señor y yo… tu sumisa. Quitarme la ropa despacio, poniéndome en posición para recibir una tanda de nalgadas, quizá que suplique por ese castigo.

Mi Amo, sólo quiero obedecerte y cumplir tus deseos, que lo disfrutes y hacerte feliz.

Me imagino desnuda, vendada, con el collar de perro y la cadena puesta, tal vez sólo en tacones altos, en cuatro patas, en el pasillo, esperando tus órdenes, a tu merced, mientras me observas, decidiendo si será un latigazo, una nalgada, quizá con la correa o juegues con las plumas, tal vez estés decidiendo por dónde introducirme algo, uno de los dilatadores, usar a Máximo, tus dedos, un hielo; embadurnarme miel o cajeta, hacerme abrir la boca para introducir tus dedos, un plátano para practicar el sexo oral, mientras lo metes y sacas a tu ritmo. Se me ocurre que un plátano sería una buena idea para hacerlo. O tal vez, me abras las piernas, estimulándome con tus manos directamente, ordenando quedarme quieta y, si no cumplo con ello, recibiré un castigo. 

De verdad deseo verte y servirte.
Con amor, tuya… tu sumisa
k.b.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Comentar. Todos los comentarios serán revisados y aprobados por la autora de este blog. Muchas gracias!