Este
escrito surgió después de algunos días de comenzar a sesionar, pasaron algunas
semanas de haber iniciado en este ambiente. Ambos vamos aprendiendo sobre nuestros roles. Ninguno de los dos lo ha practicado de forma continua o
estructurada, quizá a penas hemos incursionado de forma intuitiva, sabiendo que
algo buscábamos, sin saber qué. Esta historia es la descripción de cómo me
sentí en mi inicio como sumisa.
Hemos pasado días muy interesantes, intensos, diferentes, llenos de adrenalina, emoción… bueno, creo que fue para ambos lo mismo, pero tal vez no, no lo sé… me gustaría saber qué es lo que tú sentiste en estas sesiones. Lo que sé es que hubo amor, mucho amor. Las sensaciones por las que yo pasé no sabría cómo expresarlas exactamente, supongo que tus emociones, de cierta forma, son diferentes, ya que tú ejerces el control y yo me someto.
Este nuevo rol me fascina, verte en el
tuyo también. Me gusta cómo han surgido ideas, deseos, fantasías y que
busquemos formas de realizarlas juntos. Sé que hubo algunos cambios en los
planes originales, pero siento que las cosas salieron bien en general, espero
que también lo pienses así. Hemos ido adaptando las actividades mediante vamos
aprendiendo más sobre este tema. Con las lecturas, videos y blog que hemos
estado estudiando, creo que cada vez podremos mejorar. Éste es sólo el inicio.
Hay tantas cosas que me gustaron estos
días, una de las principales fue que encontráramos la gargantilla, que me la
compraras y la colocaras. Ésta la puedo usar en cualquier momento, sin que sea
notoria, para el resto del mundo, mi condición de sumisa. El sonido del clic al ponerme alguno de los collares,
provoca algo en mí. Ahora, con ella puesta en cualquier momento, esa sensación
es más constante. Otra de las cosas que disfruté, fue dormir con la correa, esa
sensación fue muy intensa. Tener los otros dos collares, con diferentes
colores, me hizo pensar que hasta puedo cambiarlos para combinarlos con la ropa,
por lo menos para cuando esté contigo.
Son muchas imágenes, ideas, fantasías que
tengo en la cabeza, me encanta saber que ambos lo disfrutemos, que con todo
esto te puedo complacer. Y sabes, eso me hace sentir feliz, esa es mi idea
principal, darte todo el placer posible, que con cada orden, te sientas complacido
con mi obediencia y, ¿por qué no? también con cada castigo.
Tengo muchas ganas de intentar el tema
del Bondage, como lo vimos en las
fotos que me mostraste, para probar lo que nos hace sentir esta actividad, las
sensaciones que nacen después de que cada uno haga su papel, tú hacer los
amarres y yo, estar atada a tu merced.
Me imagino totalmente atada, como aquella
foto que te gustó, donde ella está amarrada en el suelo. Las sensaciones
provocadas mientras me vas atando poco a poco y, cuando me tengas inmovilizada,
¿qué planeas hacer… sólo observarás… me castigarás de alguna forma? Moviéndome,
cambiando mi posición, sólo por el placer de poder manipularme a tu antojo.
Dejarme ahí… así, a tu lado o tal vez al pie de la cama. Mientras quizá, tomas café,
ves la televisión o trabajas. No sé lo que decidas hacer y me intriga.
Hablaste sobre la falta de humillación en
la sesión, quizá tengas razón, sin embargo, como también comentaste, poco a
poco llegaremos al punto ideal o adecuado para los dos. Me gusta cuando me
hablas determinadamente, con fuerza pero sin gritos, contundente, cuando me das
una orden y sé que tengo que cumplirla. El brillo de tus ojos cambia y siento
cómo también mi mirada es distinta.
Me encantó que usaras mi juguete
favorito, Máximo, no me refiero a el
tema de mi placer, sino que me parece que también tú lo disfrutaste, gozaste
verlo y ponerlo en acción. Además me pusiste en el punto exacto en el que me
querías, justo dejándome a tu merced, con la magia que tú sabes hacer. Con la
ventaja de no cansarte, logrando el resultado que deseabas. Cerrando con broche
de oro, teniendo mayor control de mí, de mi cuerpo, mis movimientos, mi placer,
completo control. Después de todo, ahora es un juguete para los dos. Ha
cambiado mi forma de verlo, ya no es sólo mi juguete, ahora que lo usaste,
también es tuyo, lo puedes usar como quieras en mí. El dolor que provocaron las
pinzas también fue algo estimulante y nuevo para ambos.
Tengo tantas ganas de verte de nuevo, de
volver a estar así contigo, sirviéndote, satisfaciendo tus deseos,
obedeciéndote. Haciendo cosas nuevas, aprendiendo juntos sobre este estilo. Ir
explorando nuestros límites, sobrepasarlos y conocernos mejor.
El hacerte sexo oral, donde tengo que
tragar todo, lamer, succionar a tu orden. Revisando exhaustivamente mi boca, corrigiéndome
si dejo alguna gota fuera de lugar. El sólo escribirlo me provoca espasmos en
el vientre. La idea de recibir tus órdenes, el mantener la boca abierta, lista
para recibirte en cuando estés listo, mientras te masturbas sobre mí o delante
de mí, me excita mucho.
Que me pongas las esposas, las de metal o
las de velcro, que me tengas así a tu lado, ordenándome que cambie de posición,
sólo por el placer de querer morder alguna parte de mi cuerpo o querer ver mi
sexo abierto, probarlo o sólo revisar el avance de mi entrenamiento anal,
acariciarme, besarme, pero así, esposada y obediente a tus indicaciones,
colocándome y asumiendo las poses que ordenas.
Me excita cuando me ordenas que, al estar
dilatada, avance en “reversa” hacia ti, para que, lentamente me clave en tu
dedo, para así comprobar si aún sigo abierta para ti. Caminar en dos o cuatro
patas detrás de ti, que me hagas detenerme, sólo para admirarme, disfrutando de
tu sumisa, de la pose, gozando de la sumisión que te entrego, sintiéndote
orgulloso de cómo reacciono ante tu disciplina, de cada vez que me pides
repetir, sin mirarte, que soy tuya, que puedes hacer conmigo lo que quieras…
que te pertenezco, que eres Mi Señor y yo… tu sumisa. Quitarme la ropa
despacio, poniéndome en posición para recibir una tanda de nalgadas, quizá que
suplique por ese castigo.
Mi Amo, sólo quiero obedecerte y cumplir
tus deseos, que lo disfrutes y hacerte feliz.
Me imagino desnuda, vendada, con el
collar de perro y la cadena puesta, tal vez sólo en tacones altos, en cuatro
patas, en el pasillo, esperando tus órdenes, a tu merced, mientras me observas,
decidiendo si será un latigazo, una nalgada, quizá con la correa o juegues con las
plumas, tal vez estés decidiendo por dónde introducirme algo, uno de los
dilatadores, usar a Máximo, tus
dedos, un hielo; embadurnarme miel o cajeta, hacerme abrir la boca para
introducir tus dedos, un plátano para practicar el sexo oral, mientras lo metes
y sacas a tu ritmo. Se me ocurre que un plátano sería una buena idea para
hacerlo. O tal vez, me abras las piernas, estimulándome con tus manos
directamente, ordenando quedarme quieta y, si no cumplo con ello, recibiré un
castigo.
De verdad deseo verte y servirte.
Con amor, tuya… tu sumisa
k.b.
k.b.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Comentar. Todos los comentarios serán revisados y aprobados por la autora de este blog. Muchas gracias!